La montaña será más segura para todos si NO subimos con elementos de valor como celulares, cámaras, relojes, joyas y ipods. Nada de esto se necesita para disfrutar lo que generosamente ella nos regala. La seguridad la construimos entre todos. Estrategia de seguridad.

jueves, febrero 20, 2014

LOS DOLIENTES DE LOS CERROS

El periódico El Tiempo en su editorial de hoy 19 de Febrero del 2014, dando continuidad al especial del domingo pasado LA RECONQUISTA DE LOS CERROS ORIENTALES, se refiere al proceso de apropiación que venimos desarrollando los ciudadanos, las comunidades y las instituciones como la única manera de salvar ese vital espacio de nuestra ciudad:


Es con el concurso de la gente y con el apoyo de las autoridades como podemos salvar los cerros de Bogotá.

Desde la fundación de Bogotá –y mucho antes–, los cerros que bordean el oriente de la capital han sido el ícono más visible de la región para propios y extraños. No hay quien deje de admirarse ante la belleza de sus picos, su vegetación y el centenar de riachuelos y quebradas que de ellos brotan. Los cerros no son solo el pulmón verde de los bogotanos, sino el ropaje de hermosos amaneceres y atardeceres de una Bogotá siempre convulsionada.

Y aun así, buena parte de la historia de la ciudad ha vivido de espaldas a ellos. La urbanización indiscriminada, las invasiones sin control, la tala, la explotación de sus recursos y la inseguridad convirtieron a los cerros no en un patrimonio, sino en un lucrativo negocio y en un peligro para sus esporádicos visitantes.

Por tanto, resulta más que refrescante y alentador confirmar que hoy los cerros tutelares de Bogotá, los que les dieron vida a Monserrate y Guadalupe, los mismos que atraviesan cuatro grandes localidades y surcan la ciudad de sur a norte a lo largo de 14.000 hectáreas, tienen dolientes. Y son los mismos ciudadanos, quijotes de una empresa nada fácil en procura de que cada vez sean más los amigos de semejante joya.

Grupos de caminantes, ambientalistas, fundaciones, asociaciones de vecinos o simples defensores de las montañas han tejido una red que promueve visitas a los senderos, a los caminos indígenas, a las cuevas, las cascadas y a toda una reserva natural que envidiaría cualquier ciudad del mundo.

Es con el concurso de la gente y con el apoyo de las autoridades como podemos salvar los cerros de Bogotá. Entre las prioridades ambientales de la capital, ellos deberían ocupar el primer lugar. De este modo, es indispensable que, como lo destacó este diario recientemente, sean reconocidos más senderos naturales que permitan la apropiación responsable de este patrimonio, y más ahora que el Consejo de Estado fijó los límites a su reserva natural.

A la distancia, lastimosamente, es cada vez más difícil apreciar la belleza de estas montañas. Pero acercarse, adentrarse en ellas y disfrutarlas sí es posible si se hace con responsabilidad y con todas las garantías de seguridad.


miércoles, febrero 19, 2014

EL REGRESO DE LA PAVA DE MONTE





Pava andina, oculta entre el bosque - Camilo Orjuela, 2011

El Amigo de la Montaña y naturalista Mateo Hernández, en su blog Biodiversidad y Conservación, nos da la gran noticia del regreso a los Cerros Orientales, gracias a la recuperación gradual de la vegetación nativa, de esta hermosa ave que cada vez vemos con más frecuencia en nuestros recorridos por la montaña.

Encuentran el artículo completo en ESTE ENLACE.

En la siguiente grabación, hecha por el biólogo norteamericano Duglass Knapp con el apoyo de Mateo en la Quebrada La Vieja, pueden escuchar su canto y así identificarla el día que se la lleguen a encontrar:

lunes, febrero 17, 2014

LA RECONQUISTA DE LOS CERROS ORIENTALES



Páramo Las Moyas, un recorrido de 2 km rodeado de rocas.                                   Foto: Diego Santacruz / EL TIEMPO

Presencia policial y auge de grupos que promueven el senderismo fomenta participación de bogotanos.

Si se quisiera, se podría caminar desde la calle 174 hasta la 174 sur sin abandonar los caminos de los cerros orientales. Kilómetros y kilómetros de árboles, senderos, orquídeas salvajes, frailejones, cascadas, pozas de agua, cuevas, caminos muiscas y formaciones rocosas. Una reserva forestal de cerca de 14.000 hectáreas –40 veces más que el Central Park de Nueva York– a escasos metros de una gran urbe que había vivido de espaldas a este regalo de la naturaleza. Hasta ahora.

Artículo completo en la edición dominical del periódico El Tiempo en ESTEENLACE.