La montaña será más segura para todos si NO subimos con elementos de valor como celulares, cámaras, relojes, joyas y ipods. Nada de esto se necesita para disfrutar lo que generosamente ella nos regala. La seguridad la construimos entre todos. Estrategia de seguridad.

domingo, enero 13, 2008

HAY CIUDADES CON MAR Y HAY CIUDADES CON CERROS

Le he pedido a nuestro amigo de la montaña, el escritor Arturo Guerrero, me permita transcribir en el blog el siguiente hermoso texto que leyó hoy en la mañana en RCN Radio.

Hay ciudades con mar y hay ciudades con cerros.

Entre las ciudades con mar se podría incluir a las ciudades con río. Pero no con río muerto y oloroso a muerte, sino con corriente de peces y playas y frutas colgadas de árboles. Estas ciudades con agua son urbes de clima caliente que refrescan sus frentes con brisas marinas o con las brisas del Pamplonita.
Hay ciudades con mar y ciudades con cerros.
Las ciudades con mar por lo general viven de frente a las aguas y las aprovechan para el turismo o para la venta de cocos y sandías. En cambio las ciudades con cerros duermen de espaldas a estas moles pardas a las que el escritor Andrés Caicedo llamaba rodillas de negro. Las ciudades con cerros les temen a los cerros, nunca suben a explorarlos, creen que en ellos acechan los maleantes y las fieras.
Las ciudades con mar no son iguales a las ciudades con cerros.
Los cerros de las ciudades con cerros sirven para colgar casitas que se sostienen de milagro. O para hacerles troneras con buldózeres y sacar de sus entrañas arena, piedra y gravilla. También sirven los cerros para subir descalzos unas escaleras de piedra ruda en pos de alguna imagen de la religión que otorga milagros a quienes viven en las casitas sostenidas de milagro.
Las ciudades con cerros no aman el mar como sí lo aman las ciudades con mar.
Es que el mar de las ciudades sin mar son precisamente los cerros, cuando esas ciudades sin mar en compensación tienen cerros. Para los habitantes de las ciudades con cerros, los cerros son únicamente paisaje, frontera, signo de orientación en el mapa sin norte de las calles. Los cerros son más temidos que queridos, son literalmente invitados de piedra.
Así que las ciudades con cerros desperdician su mar que son los cerros.
Ignoran que allá adentro de los cerros hay una segunda ciudad primitiva y perfumada, cruzada de quebradas con cascadas, musicalizada de pájaros, empedrada en caminos de indios y silenciosa en las elevadas varas de los árboles o en las enanas ramificaciones del bosque que alguna vez fue primario. Esta otra realidad de monte, pegada a la realidad de asfalto, permanece enigmática en su inmensidad de océano de sombra.

Porque hay ciudades con mar y ciudades con cerros, que son el mar de las ciudades sin mar.
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Arturo Guerrero
RCN radio, cadena básica, programa “Nuestro Tiempo”, domingos 8 a.m. a 9 a.m.
13 de enero de 2008